viernes, 19 de octubre de 2012

"Si ocurre algo malo, bebes para olvidar, si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo, y si no pasa nada, bebes para que pase algo" C.B





Hoy ha llovido. Me he sentado con la manta junto a la ventana, se ha adelantado el invierno, supongo que eso te hará feliz Daniel, a mí solo me recuerda a ti.

Al sacar la manta del armario encontré la mancha de café. Te vi sentado a las tres de la mañana, tapado, con los ojos muy abiertos y moviendo la pierna derecha (a tus nervios nunca les sentó bien el café) explicándole a mi mente adormecida porque existe la fiebre. “Es un mecanismo de defensa del cuerpo” decías con la mirada perdida en tus apuntes, plagados de tu mala caligrafía y proclamando la proximidad de un diciembre de exámenes. “Entonces ¿por qué hay gente que muere de fiebre?”, me miraste con las pupilas dilatadas y los pelos revueltos sobre la frente, sonreíste y me tiraste un cojín, el cual tiro el café sobre la manta dejando aquella mancha imborrable en la esquina derecha. “Porque hay amores que matan” contestaste tirándote sobre mi y haciéndome cosquillas en las costillas… Y tanto que matan.Desde que te marchaste, bueno desde que te marchaste no, si no desde que me quedo claro que no ibas a volver el café se ha quedado preso en el cajón de la cocina. Ya no huele a café por las mañanas, el sabor amargo me recuerda a tus besos de buenos dias…. Hoy me he prometido que se acabo el autoconpadercerme y el creerme las mentiras que me dicen, eso de preguntar “Que hice mal” y que me respondan que el problema siempre lo tuviste tu envolviéndome en un papel de burbujas para evitar las magulladuras de la realidad y lo peor es que que casi me lo creí, pero sé que no, Daniel, se que tú no eres el problema sino la fiebre que intento curarlo.


Han pasado ya 30 días desde que te fuiste y todavía seguiría viviendo entre tu nariz y tu labio superior, pero el recuerdo de las cosas buenas se esta empezando a desvanecer dejando paso a la frustración. Me he puesto a ver las fotos de aquel viaje a Barcelona en otoño, las del metro de Madrid el día de «la peor mudanza de la historia»… Veo la fotos y busco en ellas tus detalles, pero no le puedo pedir a un trozo de papel que me devuelva todo aquello que te llevaste contigo. 


Acaba de empezar a llover, el día esta triste, o puede que simplemente sea porque no estás aquí para hacerme pensar que pasar el día dentro de casa acampando entre el sofá y la cama puede ser el mejor plan para un domingo por la tarde.Me llevo preguntando donde estas desde que te fuiste Daniel, pero el domingo esa pregunta se convierte en obsesión, es mas creo que cogeré el paraguas de lunares y saldré a buscarte. Encontrarte bajo la lluvia es la única idea que consigue aliviarme. Ahora solo me queda tener claras las palabras que te diré cuando te vea puede que con un “te echo de menos” baste o al menos antes bastaba. 


Ese seria un buen plan... Pero creo que me quedare aquí con el objetivo acabar con las latas de cerveza y todo el alcohol que quede en esta casa, menos el de farmacia, ese lo reservo para curarme las heridas en caso de que no decidas volver pronto.


Ana. 

domingo, 14 de octubre de 2012

"Aquellos rostros a los que todo les había sido robado" C.B







Yo me hubiera pasado toda mi vida entre tu nariz y tu labio, Daniel, perdida en esa inconstante sensación de no comprender por qué se puede estar tan a gusto en un situación tan incómoda, como es el vivir casi a punto de robarte el beso que guardas en el labio inferior. Sé que te lo robé muchas veces, ahora no sé cuantas, ni puedo contarlas, sabes que lo mío nunca fueron los números y mucho menos las ecuaciones que equivalen a ese proceso, sólo sé que fueron muchas.

Ahora que sé que te has ido, bueno eso ya lo sabía desde que te saliste por la puerta, pero ahora que sé que no vas a volver (y eso lo sé porque miro la parte derecha de la estantería y está vacía, allí donde compaginabas el atlas de anatomía humana y el de parasitología con las poesía Bocowski)... pues que veo la estantería vacía y que ya no suena Led Zepellin por las mañanas y que el geranio del balcón se está marchitando y que no puedo hacer nada por evitar esa angustia que me agarra del cuello cada vez que oigo el timbrazo del teléfono para descubrir que no eres tú quien llama… ahora que sé que te has ido y sé que no vas a volver aparece el miedo. Ahora que sé que no vas a volver, Daniel, no puedo evitar pensar que tengo que abandonarte, no por amarte o dejar de hacerlo, si no porque me estoy perdiendo a mi misma de tan poco comer o de tanto beber, de tan poco vivir o de tanto humo, no sé.

Ahora que sé que no tienes intención de volver, empiezo a preguntarme dónde estarás y te imagino lejos de aquí. Te imagino en Sevilla, arropado bajo las sombras de las minifaldas que recorren la ciudad aunque esté casi llegando el otoño. Quitándote el pelo de la frente mientras te muerdes con el colmillo derecho el labio inferior mientras te preguntas qué podrás hacer ahora que ya has llegado. Te preguntarás porque te imagino allí, pero es que sé que siempre quisiste ir y me gusta pensar que ya que me has abandonado serás feliz en otro lugar o que por lo menos tenías una buena razón para marcharte.

Sí que es duro, sí, pero no te diré que te echo de menos para evitar que puedas mirarme como me miras cuando me hablas de no sé qué rollo de la etiología de alguna enfermedad o de no sé qué rollo de los antibacterianos. Sí, de esa manera, como si no tuvieras ya nada que desentrañar de mi, como sí ya me conocieras, no quiero que me mires como si estuviera vacía y dejar de sentir que te brillan los ojos al despertarte todas las mañanas. Eso será sólo si vuelves.

Yo me hubiera pasado toda mi vida entre tu nariz y tu labio superior, Daniel, pero no me dejaste ni tan siquiera demostrártelo.

Ana.